Durante un debate organizado por la Confederación Nacional de Dueños de Camiones (CNDC) y la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), los candidatos presidenciales José Antonio Kast (Partido Republicano) y Jeannette Jara (Partido Comunista) intercambiaron opiniones sobre el papel del Estado y el sistema tributario.
Kast propuso una reducción de impuestos, argumentando que “lo que dejaremos de pagar con la rebaja de impuestos son los apitutados, los operadores políticos y los comunistuchos”, criticando así la ineficiencia y el uso ideológico del aparato estatal. Por su parte, Jara cuestionó esta propuesta, advirtiendo que disminuir los ingresos fiscales pondría en riesgo el financiamiento de derechos sociales.
Este debate no es nuevo, pero es fundamental. Especialmente cuando se compara con la realidad de países como Dinamarca, Suecia, Francia o Finlandia, donde la carga tributaria puede superar el 45% o incluso el 55% de los ingresos de los ciudadanos. Sin embargo, allí no se discute mucho la legitimidad de esos impuestos. ¿Por qué? Porque el sistema funciona.
En esos países, el Estado proporciona servicios públicos de altísima calidad, como salud universal, educación gratuita, pensiones dignas y un transporte público eficiente. Además, los niveles de corrupción son muy bajos, la burocracia es profesional, y no existe la figura del “operador político” que abunda en nuestro país. La confianza en las instituciones es alta, lo que hace que pagar impuestos no se sienta como un castigo, sino como una inversión social compartida.
En Chile, en cambio, la realidad es muy diferente. Aquí, el ciudadano a menudo siente que sus impuestos se desvanecen entre sueldos políticos inflados, cargos de confianza sin mérito, redes de favores y escándalos de corrupción como los convenios truchos. Por eso, el problema no radica en el monto del impuesto, sino en el destino de esos recursos.
La propuesta de Kast se centra precisamente en este aspecto: reducir el tamaño del Estado no para desmantelarlo, sino para limitar su ineficiencia.
